Uno de cada dos hombres, después de los cuarenta años, ha tenido al menos una vez alguna dificultad bajo las sábanas. Sin embargo, solo una minoría lo comenta con su médico. Las disfunciones sexuales masculinas siguen siendo uno de los grandes tabúes de la salud, a pesar de que pueden representar una auténtica señal de alarma de patologías más graves, como enfermedades cardiovasculares o metabólicas. Hoy en día, la medicina andrológica ofrece herramientas cada vez más eficaces, capaces de devolver no solo una vida sexual satisfactoria, sino también confianza y bienestar psicológico. Hablamos de ello con la Dra. Ninfa Alessandra Giacalone, uróloga y andróloga de Palermo.

por Roberta Imbimbo

Doctora Giacalone, ¿qué se entiende por disfunciones sexuales masculinas?
Se trata de situaciones en las que el funcionamiento normal del aparato reproductor masculino se ve alterado por causas orgánicas, hormonales, vasculares, neurológicas o psicológicas. Los trastornos más frecuentes son la disfunción eréctil (es decir, la incapacidad persistente para obtener y/o mantener una erección con la rigidez suficiente para garantizar una relación sexual satisfactoria), la eyaculación precoz (la incapacidad de controlar la eyaculación, que se produce de forma incontrolada y más rápida de lo deseado) y las dismorfias peneanas. Estas incluyen tanto alteraciones reales de la forma o del tamaño del pene (como en el micropene, las curvaturas congénitas o las curvaturas adquiridas típicas de la enfermedad de La Peyronie) como una percepción distorsionada e irracional de las mismas (dismorfofobia peneana). Estos problemas, además de afectar a la vida sexual, influyen profundamente en la autoestima del hombre.

¿Cuáles son las principales causas de estas disfunciones?
Las causas pueden ser orgánicas —como alteraciones anatómicas de los órganos genitales— o funcionales, como la hipertensión, la diabetes, los trastornos circulatorios, hormonales o neurológicos que afectan directa o indirectamente al funcionamiento del aparato genital masculino. También pueden ser psicógenas, relacionadas con la ansiedad, el estrés o la depresión. A menudo coexisten varios factores. Por ello, es fundamental una evaluación andrológica completa, ya que un trastorno sexual puede ser el primer indicio de una enfermedad sistémica más grave, especialmente de tipo cardiovascular o metabólico.

¿Qué tan extendidas están estas problemáticas?
Mucho más de lo que se piensa. La eyaculación precoz afecta aproximadamente a uno de cada tres hombres, mientras que la disfunción eréctil es aún más frecuente, especialmente con el avance de la edad, afectando a alrededor del 50 % de los hombres entre 40 y 70 años, de los cuales cerca del 10 % presenta una forma grave.
Afortunadamente, la concienciación está creciendo: cada vez más hombres deciden acudir al médico, superando el tabú y comprendiendo que pedir ayuda es el primer paso hacia la solución del problema. Hablar es el primer paso hacia el tratamiento.

¿Cómo se llega a un diagnóstico correcto?
El diagnóstico comienza con una entrevista clínica exhaustiva y una exploración física, seguidas de pruebas específicas: ecodoppler peneano, análisis hormonales, evaluaciones neurológicas y pruebas ultraspecializadas de segundo nivel para analizar la conducción nerviosa. Solo una evaluación precisa permite establecer la terapia más eficaz.

¿Qué tratamientos existen hoy en día?
El primer enfoque suele ser farmacológico, con medicamentos que mejoran la función vascular y la respuesta eréctil. Personalmente, prefiero una terapia continua en lugar de “a demanda”, ya que ayuda a restablecer la fisiología de los vasos sanguíneos, devolviendo al paciente la libertad de vivir la sexualidad de forma natural y espontánea. Sin embargo, el verdadero objetivo no es solo tratar el síntoma, sino también identificar y corregir las causas subyacentes, que a menudo están relacionadas con trastornos más complejos.

Usted es también una de las pocas especialistas en Italia que se ocupa de rellenos peneanos. ¿En qué consisten?
Se trata de un procedimiento mínimamente invasivo que utiliza ácido hialurónico —ya empleado en medicina estética— para corregir alteraciones funcionales o morfológicas del aparato genital masculino. Se realiza en consulta, con anestesia local, y es bien tolerado. Los rellenos se utilizan ampliamente en el tratamiento de la enfermedad de La Peyronie, la eyaculación precoz, la disfunción eréctil y en casos de asimetrías o dimensiones reducidas. Además de la mejora funcional y física, el paciente suele experimentar un beneficio psicológico y relacional significativo. Los resultados son temporales, ya que el ácido es reabsorbible, con una duración que varía entre 3 y 12 meses, según el tipo de relleno y las características individuales. El procedimiento es extremadamente eficaz y seguro.

¿Un mensaje final para nuestros lectores?
No hay que tener miedo de abordar estos temas con el médico. Las disfunciones sexuales masculinas no son solo un problema de pareja, sino que pueden ser una señal de alerta de otras patologías importantes. Intervenir a tiempo significa no solo mejorar la calidad de la vida sexual, sino también proteger la salud general del hombre.

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