El ESG ya no es solo una palabra de moda: se ha convertido en la nueva moneda de la credibilidad empresarial. Inversores, instituciones y partes interesadas exigen datos concretos, transparencia y coherencia. Sin embargo, en ausencia de un estándar global compartido, las evaluaciones siguen estando fragmentadas y son difíciles de comparar, lo que abre la puerta a interpretaciones arbitrarias y a prácticas de greenwashing. En Italia, algunos esquemas acreditados por Accredia han introducido mayor rigor y transparencia, pero el camino hacia una norma ISO única aún es largo. Sobre este tema interviene el Dr. Manolo Valori, Director Técnico de CVI Italia, sede italiana del grupo eslovaco CVI SRO.
Por Roberta Imbimbo

Dr. Valori, ¿qué significa ESG y por qué se ha vuelto tan central para las empresas?
El ESG engloba tres dimensiones fundamentales —ambiental, social y de gobernanza— que permiten evaluar la sostenibilidad global de una organización. Hoy ya no es un concepto meramente ético, sino un indicador de desempeño estratégico. Inversores y partes interesadas exigen transparencia y rendición de cuentas: integrar los principios ESG en los modelos de gestión permite a las empresas fortalecer la resiliencia, mitigar riesgos y aumentar la confianza del mercado.
¿Cuáles son las principales limitaciones de las evaluaciones ESG?
La principal limitación es la ausencia de un estándar internacional único, como ocurre con la calidad (ISO 9001), el medio ambiente (ISO 14001) o la seguridad y salud en el trabajo (ISO 45001). Existen numerosos esquemas propietarios, con metodologías e indicadores que no siempre son comparables. Algunos comités técnicos de la ISO —en particular el ISO/TC 322 “Sustainable Finance”— están trabajando en la definición de directrices globales, pero el proceso requiere tiempo y el consenso de varios países miembros. En este escenario, hoy dos empresas del mismo sector pueden obtener resultados ESG diferentes según el protocolo utilizado, debido a la falta de criterios y ponderaciones uniformes. El resultado es una pérdida de coherencia y, en parte, de credibilidad del mercado de certificaciones ESG.
¿Cuál es la situación en Italia?
En Italia, Accredia, el organismo nacional de acreditación, ha reconocido algunos esquemas propietarios de evaluación ESG (Get It Fair ESG Rating Scheme, Ecomate ESG Rating y ESG–SDGs Rating). Todos operan conforme a las normas internacionales ISO/IEC 17021-1 e ISO/IEC 17029, garantizando la independencia, la competencia y la trazabilidad del proceso de evaluación. Sin embargo, cada modelo adopta criterios de análisis y de ponderación diferentes, lo que dificulta la comparabilidad de los resultados entre empresas y entre sectores.
¿Cómo se puede superar esta fragmentación?
La vía más eficaz es la definición de una norma ISO específica para el ESG, reconocida a nivel global y aplicable a todos los sectores productivos. Un estándar único permitiría armonizar los criterios de evaluación, mejorando la transparencia, la fiabilidad y la comparabilidad del desempeño ESG. Esto permitiría medir a las empresas con parámetros objetivos y verificables, con certificaciones de valor uniforme a nivel internacional.
¿Existen precedentes similares en el ámbito normativo?
Sí, un ejemplo muy significativo es el de la seguridad y salud en el trabajo. Antes de la introducción de la ISO 45001, existían protocolos como la OHSAS 18001 que, aunque perseguían objetivos similares, no contaban con el reconocimiento de la ISO. Con la llegada de la ISO 45001, el mercado finalmente tuvo una referencia universal, a la que todos los operadores se fueron adaptando gradualmente. Un recorrido similar también sería deseable para el ESG.
¿Qué ventajas ofrecería un sistema de certificación único?
Como se ha dicho, los beneficios serían numerosos: mayor transparencia en las evaluaciones, una comparabilidad real entre empresas y la adopción de un lenguaje técnico común. Un sistema unificado aumentaría además la credibilidad del mercado, garantizando a inversores e instituciones datos coherentes, verificables y basados en metodologías reconocidas a nivel global.
En conclusión, en su opinión, ¿por qué es crucial llegar a un estándar ISO global?
Porque solo un lenguaje normativo compartido podrá transformar la sostenibilidad de una declaración de intenciones en una herramienta concreta de gobernanza. La adopción de un estándar ISO único representaría un paso decisivo hacia un mercado más transparente, competitivo y creíble, en el que el desempeño ESG deje de ser un simple ejercicio de estilo para convertirse en la medida efectiva del valor y la responsabilidad empresarial. Un paso largamente esperado que, si se materializa, podría finalmente dar al ESG la solidez que todavía le falta hoy.














































