En Baia Domizia, donde el mar, galardonado con la Bandera Azul, dibuja uno de los tramos más pintorescos de la costa campana, el Cumeja Beach Club & Hotel se afirma como una de las referencias más modernas e identitarias de la hospitalidad del sur de Italia. No es simplemente un establecimiento de alojamiento, sino un verdadero ecosistema de servicios, relaciones y visión empresarial. Al frente se encuentra Orsola Girone, directora con un perfil gerencial sólido, que evita tanto la retórica del lujo como la fórmula del “hotel escaparate”.

Por Roberta Imbimbo

Directora Girone, Cumeja combina elegancia, relajación y entretenimiento. ¿Cómo logran mantener estos elementos juntos?
No los consideramos compartimentos separados, sino dimensiones de una narrativa única. Cumeja nació en 2018 con una identidad muy clara. Desde el principio imaginamos un lugar donde la hospitalidad y el beach club coexistieran como partes de un mismo proyecto, no como funciones separadas. El propio nombre —Cumeja Beach Club & Hotel— refleja este enfoque: el mar y el beach club son el corazón de la experiencia, mientras que el hotel se convierte en una extensión natural. Esto representa un modelo de hospitalidad distinto del enfoque más tradicional y contemplativo. Cumeja está pensado para quienes viven el mar de manera dinámica, para quienes disfrutan de un ambiente vital, hecho de socialización, música, gastronomía y movimiento, sin renunciar a la calidad de los servicios.

A lo largo del día, el establecimiento cambia su ritmo de manera natural. ¿Por qué esta elección?
El establecimiento cambia su ritmo más que su imagen. La mañana está dominada por una atmósfera rarefacta, casi suspendida: la luz natural, el silencio interrumpido solo por el sonido del mar, un uso lento de los espacios que privilegia la contemplación y el bienestar individual. Por la tarde, con el aumento de la presencia y la energía, la relación con el mar se vuelve más explícita: el beach club se anima, la gastronomía entra en escena y los espacios se abren a una socialización medida pero evidente. Por la noche, finalmente, el establecimiento adquiere un tono más sofisticado: la iluminación, la música y la composición de los espacios crean una dimensión escénica donde el entretenimiento acompaña la elegancia sin opacarla. No se trata de transformismo ni de una simple variación estética, sino de una dirección consciente de la experiencia, calibrada según las expectativas de un público que busca coherencia antes que espectáculo. El beach club, núcleo original del proyecto, sigue siendo el centro identitario. No es un servicio accesorio del hotel, sino su gramática original: el lugar donde se define el tono de la relación con el huésped, el equilibrio entre informalidad y rigor, entre libertad y control.

¿Qué peso tiene el factor humano en esta visión?
Si el mar define el marco, es el capital humano el que determina la sustancia. La selección del personal representa nuestra primera inversión estratégica. No buscamos solo competencias técnicas, sino cultura de la hospitalidad. La experiencia nace del contacto, de la capacidad de interpretar las necesidades antes de que sean expresadas. Aquí es donde la hospitalidad conserva una impronta profundamente italiana, incluso en un contexto donde la demanda es cada vez más internacional. Baia Domizia, destino turístico histórico, hoy conoce una renovada importancia en los flujos internacionales; Cumeja intercepta esta trayectoria sin renunciar a su identidad.

¿Qué papel tuvo la renovación promovida por el propietario Carlo Emini?
Marcó un paso decisivo: pasar de un edificio de alojamiento a un lugar identitario. No se trató solo de una intervención estética, sino de una redefinición funcional de los espacios, con aperturas visuales hacia el mar, líneas esenciales y ambientes pensados para ser vividos más que exhibidos. Esta intervención devolvió a la costa un referente de calidad, alejándola de la lógica de homogeneización estacional. La visión empresarial también se tradujo en decisiones específicas en el ámbito del entretenimiento. El año pasado, ofrecimos una programación de nivel internacional, con noches de clubbing protagonizadas por Bob Sinclar, entre otros nombres de primer nivel. El entretenimiento no es ruido, es un lenguaje. No se trata de impresionar de forma puntual, sino de construir continuidad y diálogo con un público global.

En conclusión, ¿qué representa hoy Cumeja?
Un establecimiento contemporáneo que dialoga con el territorio pero mira más allá de las fronteras nacionales, presentándose como un destino y no como una simple estancia. En un sur aún suspendido entre narrativa folclórica y turismo estacional, Cumeja busca una síntesis distinta: transformar la hospitalidad en un proyecto cultural y empresarial. Una trayectoria que se inscribe en la transformación más amplia del turismo contemporáneo en el sur de Italia.

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